La 46.ª edición del FIJM convirtió nuevamente las calles de Montreal en un gran escenario multicultural, donde artistas de Perú, Colombia, Puerto Rico, México y Cuba cautivaron a miles de espectadores con propuestas que fusionaron tradición, innovación y una extraordinaria diversidad musical.
Órbita Popular recorrió los escenarios exteriores del festival para disfrutar de una serie de presentaciones que pusieron de relieve la riqueza y diversidad de la música de América Latina, confirmando que el jazz continúa siendo un lenguaje abierto al diálogo con múltiples tradiciones musicales.
Crédit photo: ©Frédérique Ménard-Aubin
Uno de los momentos más memorables fue el esperado concierto de Los Mirlos, legendaria agrupación peruana considerada pionera de la cumbia amazónica. Su presentación en el escenario Rio Tinto congregó a miles de espectadores, entre ellos numerosos integrantes de las comunidades latinoamericanas de Montreal, además de un público local que disfruta de los ritmos tropicales y las músicas del mundo.
Con su inconfundible sonido de guitarras psicodélicas y ritmos amazónicos, la agrupación convirtió la explanada del festival en una gran pista de baile, donde varias generaciones celebraron el patrimonio musical peruano en un ambiente festivo y familiar.
Otra de las actuaciones destacadas fue la de la intérprete, compositora e investigadora colombiana Anamaría Oramas, quien presentó una propuesta artística que enlaza las tradiciones musicales de las costas colombianas con la libertad creativa del jazz contemporáneo.
Flautista e intérprete de gaita y gauta, este último es un instrumento híbrido desarrollado a partir de la flauta traversa y la gaita colombiana, Oramas ofreció un concierto lleno de matices junto a un cuarteto integrado por guitarra eléctrica, contrabajo y batería. El resultado fue un recorrido sonoro que reinterpretó ritmos afrocolombianos desde una perspectiva moderna, manteniendo intacta su esencia cultural.
Puerto Rico también tuvo una destacada representación con Fabiola Méndez, virtuosa del cuatro puertorriqueño y artista nominada a los premios Emmy. Su presentación combinó tradición y modernidad mediante composiciones delicadas y una interpretación cargada de sensibilidad, demostrando la versatilidad de este emblemático instrumento y reafirmando la riqueza del patrimonio musical de la isla.
Desde México llegó el cantautor Macario Martínez, una de las nuevas voces de la escena independiente latinoamericana. Originario de Ciudad de México, el artista conquistó al público con un repertorio que fusiona folk pop, dream pop, son jarocho y otros ritmos tradicionales mexicanos.
Su carrera experimentó un importante impulso gracias al éxito viral de la canción Sueña Lindo, Corazón, que alcanzó gran popularidad en TikTok y le abrió las puertas de nuevos escenarios internacionales. En Montreal ofreció un concierto íntimo y emotivo, donde sus letras y melodías conectaron especialmente con el público joven.
Entre las novedades de esta edición destacó la creación de Le Cabaret, un espacio concebido para ofrecer una experiencia musical más cercana e inmersiva. Allí, el público pudo disfrutar en repetidas ocasiones del espectáculo de Yordan & the Cuban Martínez Show, agrupación dirigida por el trombonista y arreglista cubano Yordan Martínez.
Con una energía contagiosa, el conjunto llevó la auténtica "Fiesta Cubana" al corazón del festival, interpretando un repertorio que combinó salsa, timba, cha-cha-chá, bachata y otros ritmos tradicionales cubanos enriquecidos con elaborados arreglos de jazz. Cada una de sus presentaciones atrajo a numerosos espectadores que no dudaron en bailar y disfrutar del ambiente festivo que caracterizó este nuevo espacio.
Más allá de la calidad artística de cada concierto, la programación exterior del Festival Internacional de Jazz de Montreal 2026 volvió a demostrar que la música es un poderoso punto de encuentro entre culturas. Durante diez días, las plazas y calles del Quartier des Spectacles se convirtieron en un escenario donde las tradiciones musicales latinoamericanas dialogaron con el jazz y con públicos provenientes de todos los rincones del mundo.
Con una programación gratuita, diversa e inclusiva, el FIJM reafirmó una vez más su condición de uno de los festivales musicales más importantes del planeta y un verdadero reflejo de la riqueza cultural que define a Montreal.
